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27 abr 2020

Manual de autosuficiencia ética (Parte VI)


"Ante el inmenso dolor ajeno,
tu dolor no es nada"

D.H. Lawrence (1885-1930).- El amante.
"Ella permanecía quieta, en una especie de ensueño, siempre en una especie de ensueño. La actividad, el orgasmo, habían sido de él, todo de él; ella no podía conseguir ya nada para sí. Incluso la presión de sus brazos en torno a ella, incluso el intenso movimiento de su cuerpo, y el raudal de su semen en ella, fueron una especie de ensueño del que no empezó a despertar hasta que él hubo terminado y se quedó jadeando blandamente sobre su pecho.

   Entonces se preguntó, se preguntó vagamente, por qué. Por qué había sido esto necesario. Por qué le había disipado esto la gran nube que había en ella, y le había traído la paz. ¿Era real? ¿Era real?.
   Su atormentado cerebro de mujer moderna aún no había encontrado el descanso. ¿Era real? .Y comprendió que si se entregaba a este hombre, era real. pero que si se guardaba para sí, no era nada. Se sentía vieja; como si tuviese millones de años. Y al final ya no era capaz de soportar el peso de sí misma. Sería de aquel que la tomara. De aquel que la tomara.
   El hombre seguía tendido en una misteriosa inmovilidad. ¿qué sentía? ¿Que pensaba?. No sabía. Era un extraño para ella; no lo conocía. Tenía que esperar, pues no se atrevía a romper su misteriosa quietud. Seguía allí, rodeándola con sus brazos,, sobre ella, con el cuerpo húmedo adherido al suyo, pegado. Y era completamente desconocido. Sin embargo, no era turbador. Su misma quietud era tranquilizadora......" (D.H. Lawrewnce, "El amante de Lady Chatterley" , escrito en 1928).


Herman Melville (1819-1891).- La muerte de una ballena.
"Las líneas fueron recogidas poco a poco y la ballena apareció en la superficie a pocos metros de sus perseguidores.
   Sus movimientos delataban claramente su cansancio. En la mayoría de los animales terrestres existen ciertas válvulas en muchas venas, mediante las cuales, cuando heridos, la sangre queda cortada, hasta cierto punto por lo menos instantáneamente, en ciertas direcciones. No así en la ballena. La estructura de sus venas carece de válvulas, de forma que cuando las agujerea una cosa, aunque sea pequeña como la punta de un arpón, empieza inmediatamente a desangrarse. Sin embargo, es tan grande la cantidad de sangre que tiene, que sigue sangrando durante un periodo de tiempo considerable. Aun entonces, cuando los botes se acercaron a aquella ballena y le clavaron las lanzas, surgieron fuertes chorros de las nuevas heridas mientras que por los orificios nasales sólo emitía su acostumbrado chorro a intervalos. De dichos orificios no salía sangre aún, porque no había sido alcanzada todavía en ningún punto vital.
   Al rodearle más de cerca los botes, se vio más claramente la parte superior del cuerpo. Vieron los ojos, o mejor dicho, el lugar en que había tenido los ojos. Del lugar que habían ocupado los ojos de la ballena sobresalían ahora bolas ciegas cuya vista inspiraba compasión. Pero no la tuvieron. A pesar de su vejez, de su solitaria aleta y de sus ojos ciegos, había de morir asesinada para iluminar las alegres ceremonias nupciales y otras diversiones de los hombres...
   Mientras los tripulantes aguardaban la llegada del barco, el cuerpo dio muestras de hundirse. Inmediatamente, por orden de Starbuck, se le ataron cabos a distintos puntos hasta que, a los pocos instantes, cada bote se había convertido en una boya, quedando suspendida la ballena unos cuantos centímetros debajo de ellos con ayuda de las cuerdas. Cuando se acercó el barco, la ballena fue transferida a su costado y atada fuertemente allí porque era evidente que si no se la sostenía se iría al fondo enseguida....." (Herman Melville, "Moby Dick", escrito en 1851).

Paul Auster  (1947).- El perro Mister Bones
"No tenía ni idea de adónde se dirigía, pero era consciente de que no podía parar, de que tenía que seguir corriendo hasta que las patas le flaquearan o el corazón le estallara en el pecho. Si le quedaba alguna esperanza, una mínima posibilidad de sobrevivir unos días más, por no decir unas cuantas horas, entonces tendría que largarse de Baltimore. En aquella ciudad se juntaba todo lo malo. Era un lugar de muerte y de desesperación, de gente que odiaba a los perros y de restaurantes chinos, y por un pelo no había acabado como un aperitivo fraudulento en un envase blanco de comida para llevar. Lo sentía por el chico, desde luego, pero teniendo en cuenta la rapidez con que Mister Bones había tomado cariño a su joven amo, era sorprendente lo poco que le había disgustado marcharse. La caja de cartón sin duda tenía algo que ver con ello. Las noches pasadas allí habían sido casi insoportables, ¿ y de qué servía un hogar si uno no se sentía a salvo en él, si le trataban como a un paria precisamente en el sitio que debía servirle de refugio?. No estaba bien encerrar a una criatura de Dios en una caja oscura. Eso es lo que hacían cuando la gente se moría, pero si uno estaba vivo, si aún le quedaba una pizca de energía, por respeto a sí mismo y a lo más sagrado no debía someterse a tales vejaciones. Estar vivo era lo mismo que respirar ; respirar quería decir aire libre; y aire libre..." (Paul Auster, "Tombuctu", 1999).

"...
Convocaba mi muerte
a aquellas gentes que yo vi morir.
Y yo escondía la cabeza
para no verlos, y que me dejaran
vivir, morir a gusto.
Y yo escondía la cabeza
bajo un acordeón. Yo le arrancaba
sonidos -lo recuerdo-, y las mujeres
bailaban, y Madama Leontine,
gorda y espiritual, recomendaba
silencio, por si acaso la multaba
la policía...." (fragmento poema titulado "El Pasaporte" de José Hierro,
(1922-2002)- colección Austral-Espasa Calpe).



Este Manual de Autosuficiencia Ética, está compuesto de fragmentos breves recogidos con la intención de facilitar el pensamiento y el desarrollo personal, recordando y exponiendo los interesantes ideales de diferentes personalidades de la historia, donde se abarcan conceptos diversos como los: filosóficos, políticos, sociales, literarios, artísticos, y etc..., todavia muy válidos para la actualidad. 
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