"... Si surgen deseos, consérvalos bien adentro, en aquella simplicidad imposible de definir.
Así, las cosas, liberadas de su deseo de actuar, hallarán la paz.
Si no hay deseos, todo fluye en paz.
Y el mundo se enmienda por si mismo"
(Tao Te Ching de Lao Tzu, capitulo XXXVII)
Este último film de Wim Wenders es un canto a las pequeñas bellezas, al silencio y a la sencillez como forma de vida. La simplicidad de nuestro protagonista puede aproximarse a la filosofía Taoista, donde se enseña entre otras, la vacuidad. Esto puede resultar chocante a un cierto público occidental que desconozca prácticas orientales. Y explicado brevemente: la vacuidad consiste en lograr un estado carente de apegos, de ausencia de perjuicios y de egoismos que perjudican el desarrollo del bienestar personal y espiritual. Puede aparentar que el protagonista nos resulte un aburrido ser solitario y de caracter indiferente, pero eso realmente no es cierto, porque en sí, es una persona de aptitud tranquila, seguro de si mismo, y de poseer ese vacuo de deseos demostrando paz interior. Sus movimientos son repetitivos y minuciosos, porque en su quehacer diario y en su actitud que caracteriza su modo de vida, puede asemejarse a la propia nuestra. Los actos cotidianos pueden transmitir un espacio de tiempo perdido, pero silenciosamente, para el protagonista es una bendición, lo llena de contenidos bellos y de miradas que hacen de la contemplación un arte porque todo es especial. La música es un elemento fundamental en el film. Canciones que son reproducidos en cassettes en el vehículo durante los viajes al trabajo. Las letras de sus canciones nos ayuda a entender los sentimientos del protagonista. Melodías emotivas de: Lou Reed, Patti Smith, Eric Burdon &The Animals, Van Morrison, Otis Redding, Nina Simone y etc.., dan una conexión y existencialismo a esos trayectos largos que existe en un Tokio monumental con rascacielos que asombran por su espectaculidad, que sin embargo, asustan porque sus calles se nos presentan vacias. Todo su espacio parece estar ocupado únicamente por impresionantes edificios super modernos diseñados sólo para trabajar.
Todos los breves personajes que aparecen en el film, ocupan un pequeño espacio desconocido de esa ciudad. Parecen personajes frios o como si fueran seres fantasmales. En todas las relaciones que mantienen en su alrededor, está presente esa solitud, sin embargo, con escasas palabras, todos parecen necesitar una compañía en una sociedad que parecen escasear las relaciones sociales.
A veces, nuestro protagonista, tiene pequeños sueños y pensamientos de fragmentos de sus imágenes fotográficas que interfieren en su descanso. Su vida es muy estructurada como se ha dicho pero forma una simple armonia. Su trabajo consiste en el mantenimiento y la limpieza en sanitarios públicos que requieren de una meticulosa limpieza y, en todo ello, no deja de ser un trabajo digno del que no hay que avergonzarse. En su tiempo del almuerzo entre el regazo de unos altos árboles, siempre saca de su bolsillo una pequeña cámara fotográfica observando la naturaleza y captura diariamente la imagen de las copas de esos árboles que parecen bailar en una ligera brisa. La fotografía es una de sus pasiones favoritas que cada semana lleva a revelar y que cuidadosamente después de ser archivadas y enlatadas, las guarda en un armario de su casa. En su tiempo libre conserva la afición a la lectura (el que destaca Las Palmeras Salvajes de William Faulkner, una novela de Patricia Highsmith y unos ensayos de Aya Kōda) la música como elemento principal cómo ya se ha explicado, además, mantiene el cuidado de pequeñas plantas que salva de la hierbas salvaje que suele regar primeramente cada día al levantarse. Nuestro personaje vive sólo, es poco hablador, pero es popular y apreciado ahí en los lugares de comunidad a los que frecuenta y en donde se siente cómodo. Siempre suelen ser los mismos lugares, los mismos escenarios y las mismas actitudes. Esa es la rutina diaria de un trabajador japones en este caso como la que puede ser de cualquier otro. También el film contiene un cierto sentimentalismo que está en segundos planos que pueden pasar inadvertidos, como la de pequeños amores que nunca son declarados, y en la charla breve de un visitante que tiene los días contados debido a una grave enfermedad.
En este film (que se considerará de culto) existen pequeños mensajes, y entre ellos, nos indica de que cada hoja de árbol y que cada canto rodado de cada orilla, es especial. La vida de cualquiera, aunque nos sea monótona, contiene pequeñas bellezas diarias a nuestro alrededor. En saberlas contemplar y apreciarlas es cuestión de cada uno. Es importante el vivir el ahora presente, porque la próxima vez, es la próxima vez que cualquier día llegará. Y siempre puede haber un perfecto día.
Dirección: Wim Wenders. Producción: alemana y japonesa de Köji Yakusho & W. Wenders. Guión: Takuma Takasaki. Fotografía: Franz Lustig. Protagonistas: Köji Yakusho, Tokio Emoto, Aoi Yamada, Yumi Asou, etc... Nacionalidad: Japón. Año 2023, color de 123 minutos. Film candidato a la mejor película Internacional no dirigida por un japones, pero nominada como candidatura japonesa. También premio Nacional de Cannes para Yakusho y premio al mejor actor.
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