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21 jul 2023

Los Hobbits según J. R. R. Tolkien

J.R.R. Tolkien 




"No podemos elegir qué tiempo vivir. Todo lo que podemos decidir es qué haremos con el tiempo que se nos da"(J.R.R. Tolkien)


  La literatura de J. R. R. Tolkien es rica, amplia y de enorme imaginación. Lo podemos comprobar en su obra mayor y en su trilogía del Señor de los Anillos así como en otros relatos y cuentos. Detallaba todo perfectamente de tal manera, que rápidamente, el lector es introducido en una época remota llamada Tierra Media, con la historia de esos diferentes habitantes y de sus pueblos repletos de leyendas. Seres fantásticos que en muchos aspectos tienen deseos, temores, costumbres y sentimientos que tienen semejanza con nuestra propia vida. No deja de seguir la finalidad anhelada por todos: el camino y la manera de combatir y eliminar el mal. En sus aventuras existen toda clase de personajes extraordinarios y mágicos: elfos, ogros, enanos, duendes, caballeros oscuros, etc... Su literatura no tiene edad. En ella nos introduce en comarcas y villas con verdes y labrados prados, bosques frondosos llenos de vida, riachuelos, tierras salvajes con montañas; unas nubladas, otras desiertas, escarpadas y puntiagudas, etc... En todo ese recorrido aparecen una variedad de individuos tanto amistosos conviviendo en armonia, como otros crueles que habitan sus lugares. Los protagonistas de la historia son unos pequeños y bonachones Hobbits con una misión difícil que cumplir. En todos sus trayectos, se encuentran con inesperadas aventuras y sorpresas dignos de mitología. Un relato construido  con gran imaginación. Algunos de sus personajes nos pueden recordar a los cuentos mágicos y de hadas, pero que sin embargo, su autor les dió otra insuperable forma de vida y fantástica a la vez.

   Los Hobbits son un pueblo sencillo y muy antiguo, más numeroso en tiempos remotos que en la actualidad. Amaban la paz, la tranquilidad y el cultivo de la buena tierra, y no había para ellos paraje mejor que un campo bien aprovechado y bien ordenado. No entienden ni entendían ni gustan de maquinarias más complicadas que una fragua, un molino de agua o un telar de mano, aunque fueron muy hábiles con toda clase de herramientas. En otros tiempos desconfiaban en general de la Gente Grande, como nos llaman, y ahora nos eluden con terror y es difícil de encontrarlos. Tienen el oído agudo y la mirada penetrante, y aunque engordan fácilmente, y nunca se apresuran si no es necesario, se mueven con agilidad y destreza. Dominaron desde un principio el arte de desaparecer rápido y en silencio, cuando la Gente Grande con la que no querían tropezar se les acercaba casualmente, y han desarrollado este arte hasta el punto de que a los Hombres puede parecerles verdadera magia. Pero los Hobbits jamás han estudiado magia de ninguna índole, y esas rápidas desapariciones se deben únicamente a una habilidad profesional, que la herencia, la práctica y una íntima amistad con la tierra han desarrollado tanto que es todo inimitable para las razas más grandes y desmañadas.

   Los Hobbits son gente diminuta, más pequeña que los Enanos; menos corpulenta y fornida, pero no mucho más baja. La estatura es variable, entre los dos y los cuatro pies de nuestra medida. Hoy pocas veces alcanzan los tres pies, pero se dice que en otros tiempos eran más altos. 

   ...Conocieron  en un tiempo la paz y la prosperidad y fueron entonces un pueblo feliz. Vestían ropas de brillantes colores, y preferían el amarillo y el verde; muy rara vez usaban zapatos, pues las plantas de los pies eran en ellos duras como el cuero, fuertes y flexibles, y los pies mismos estaban recubiertos de un espeso pelo rizado muy parecido al pelo de las cabezas, de color castaño casi siempre. Por esta razón el único oficio que practicaban poco era el de zapatero, pero tenían dedos largos y habilidosos que les permitían fabricar muchos otros objetos útiles y agradables. En general los rostros eran bonachones más que hermosos, anchos, de ojos vivos, mejillas rojizas y bocas dispuestas a la risa, a la comida y a la bebida. Reían, comían y bebían a menudo y de buena gana; les gustaba las bromas sencillas en todo momento y comer seis veces al día (cuando podían). Eran hospitalarios, aficionados a las fiestas, hacían regalos espontáneamente y los aceptaban con entusiasmo.... El origen de los Hobbits viene de muy atrás, de los Días Antiguos, ya perdidos y olvidados. Vivian en paz en la Tierra Media muchos años antes que cualquier otro pueblo advirtiese siquiera que existían. Y como el mundo se pobló luego de extrañas e incontables criaturas, está Gente Pequeña pareció insignificante...


John Ronald Ruelen Tolkien nació en Sudáfrica en enero de 1892 y murió en septiembre de 1973. Estuvo en la Batalla del Somme en 1916 siendo un superviviente entre millones de fallecidos. Fue profesor de anglosajón y de literatura de lengua inglesa antigua en la Universidad de Oxford entre 1925-1959. Sus obras son de un género épico y fantástico. Las más destacadas son: El Hobbit (1937), Egidio, el granjero de Han (1949), la trilogía de El Señor de los Anillos (1954-1955), Silmarillion (publicado postumamente en 1977) entre otras obras difundidas en millones de ejemplares y traducidas en decenas de lenguas.

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4 jul 2023

Relatos Cortos Próximos. 34 Parte

 "Si yo soy lo que tengo y si lo tengo se pierde, entonces ¿quién soy? (Erich Fromm)

   El alzheimer a veces también se presenta en una edad temprana. La persona en cuestión aunque todavía podía leer los titulares del periódico, no se acordada ni lo que había hecho hace cinco minutos ni lo que cenó la noche anterior. A veces solía dudar de su propia esposa que le cuidada y le mantenía. La veía como un ser extraño o como un fantasma que andaba por su casa. La pobre mujer con toda su paciencia necesaria, hacia lo imposible por cuidarlo. En momentos de soledad o cuando su marido dormía, hacía en silencio para no despertarlo, aquellas labores más entretenidas o de limpieza que requería la casa. A veces ella, todavía en pleno juicio pero ahora con desesperación, recordaba repetidamente el tipo de caracter fuerte de su marido cuando le conoció, y la paz y sabiduría que expuso toda su vida. Se puede decir, que fueron un matrimonio atípico de aquellos que permanecen enamorados hasta los últimos suspiros. Pero está enfermedad como puede ser otra, es una mortificación en vida.

   A veces, en esos ratos del sueño de su marido, ella aprovechaba para salir un momento y bajar a la farmacia o al comercio de la esquina. Pero como si existiera una especie de alarma, el marido se despertaba y empezaba a deambular inquieto por casa, quizás para buscar ese ser fantasmagórico que le hacía compañía o a saber. La cuestión es que hacía de las suyas. No se sabe si esos actos eran por desorientación o por venganza al sentirse abandonado.

   A veces se orinaba encima. Otras se acercaba a la cocina y empezaba a juguetear con los botones del gas. En otras, abría los armarios y cajones sin saber exactamente lo que buscaba. Incluso más de una vez, le dió por jugar con los grifos del agua dejando correr su líquido. También jugaba con los interruptores de la luz. 

   La pobre mujer temía no despistarse en dejar algo que pudiera causar una desgracia mayor en esos diez o quince minutos, no más, de su ausencia. Son problemas que traen la soledad de un matrimonio mayor. Los dos hijos trabajaban y la ayuda de una asistencia social estaba en decisión de una burocracia que tardaba en responder.

   El alzheimer tiene unas temporadas que no presenta novedades, que mantiene una estabilidad temporal. Pero posteriormente, ataca con otras características y otras actitudes en el enfermo. Puede incluso mostrarse violento, con lo cual, todo se complica gravemente. El abandono en el enfermo se agudiza e incluso se olvidan de masticar y tragar; por lo tanto , sus alimentos han de ser a base de papillas y yogures.

   Los hijos venían a visitarlo y dar auxilio a su madre los fines de semana. Pero para su padre eran otros seres desconocidos que acudían a su casa como otros visitantes fantasmales.

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"No es la duración de la vida, sino su profundidad" (R.W. Emerson)


   Mi abuelo siempre fue un hombre del campo. Fue respetuoso con la naturaleza y con las costumbres de su pueblo. Se puede decir que no tuvo enemistad alguna porque su vida fue muy estoica y todas sus palabras y actos fueron de una profunda razón y sinceridad. Siempre tenía en consideración la opinión de los demás, y le era muy importante y querida su familia.

   Además de otros dolores que sufría en su cuerpo como reúma y artrosis, tenía el Parkinson. Cuando alzaba el cubierto para llevarse el alimento a su boca, la mano le temblaba y los alimentos le caían otra vez al plato donde muchas veces le salpicaba con manchas aceitosas, su querida indumentaria campesina: una camisa gris y su chaleco negro donde siempre destacaba un reloj de cadena. También fue un fumador, eso hay que mencionarlo. Pero no un fumador compulsivo, sino, un paciente fumador de tabaco de liar. Cuando no tenía dinero para tabaco, su mente y cuerpo se adaptaban sin reparo a la situación.

    Pues bien; en sus primeros años de esa enfermedad y con esos nuevos y temblorosos tics que le aparecían en sus manos, se encontró con la imposibilidad de liar sus cigarrillos porque el tabaco se le caía. Y cómo si el destino no le fustrara su placer, se acostumbró a las cajetillas de tabaco con filtro.

   Tengo olvidado cómo fue su fallecimiento, pero sigue permanente vivo en el recuerdo.

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27 jun 2023

Relatos Cortos Próximos. 33 Parte

by: Welderwings
"El hábito de hablar con Dios cambia la forma en que hablamos con las personas"(san Buenaventura)

"Muchos buscan eso: destacarse y diferenciarse de los demás"

   Nunca se sabe si el don que puede poseer una persona puede ser un defecto o una virtud. Este es el caso de un antiguo conocido, un tipo grandullón con un cuerpo atlético y con voz potente que poseía el don de la palabra y con ella, llevar el engaño. Tal era su palabrería y la manera de exponerlo que ponía un cierto sentimiento que convencía a todo aquel que le escuchaba. De tal modo, que se libraba de aquellos esfuerzos o compromisos que requiere los trabajos. Sólo con el tiempo, los encargados y compañeros se daban cuenta de la habilidad de su arte, por lo cual muchos de ellos trataban de evitarlo. 

   Aún así, muchos y muchas inocentes, cayeron en en sus marañas. 

    Ocurrió este suceso que mantuvo en un trabajo temporal de mantenimiento como peón en un convento de religiosas como ejemplo de su gran arte del engaño. El trabajo consistía en renovar una larga tubería de agua, con lo cual, eso llevaría un cierto tiempo.

   En el transcurso de ese tiempo, se familiarizó con una religiosa que se encargaba del seguimiento y de facilitar requisitos técnicos a los operarios.

   Este antiguo compañero, como era habitual en él, exponía su arte con buenas palabras intentando demostrar ser un buen cristiano. Y como el lugar del trabajo era en ese convento, añadía en sus diálogos palabras religiosas que atraían y seducían a la devota que hasta ese momento, no había visto un hombre tan agraciado, correcto y religioso como él demostraba.

   No pasaron muchos días que la monja sentía atracción hacia él favoreciéndole en sus labores. Poco a poco se fue acercando una intimidad próxima. El mencionado compañero se lo sabía trabajar muy bien con saña y paciencia. Sabía que bajo aquel hábito blanco, existía un bello cuerpo de mujer. Y entre ¡alabado sea Dios! y ¡gracias al Señor!, iba convenciendo de su religiosidad a la monja. 

   Llegó el día que una parte de la tubería tenía que instalarse en una sala grande, lo cual ello dió la oportunidad de que ambos se encontraban solos. Las miradas de deseo y los suspiros de sus respiración llenaban el ambiente del habitáculo. ¡Oh hermana, es usted tan buena conmigo que Dios se lo tendrá en cuenta! -le dijo-. Con comentarios similares, convenció y atrajo hacía sí a la pobre monja. Y él, entre palabras religiosas y amorosas, juntaron sus labios. De los labios se pasó rápidamente hacia las caricias en los pechos y poco después, al acto sexual. ¡Alabado sea Dios! ¡Alabado sea Dios!, se decían uno al otro con el vaivén de sus movimientos. ¡Dios nos quiere!. Y mientras el acto se consumía a pie derecho, esas palabras seguían pronunciándose por ambos. 

   Cuando el acto sexual terminó. La pobre monja le confesó que había visto al mismo Dios, y que había comprobado que existía realmente.

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25 jun 2023

Relatos Cortos Próximos. 32 Parte

 "La muerte es más universal que la vida. Todos morimos, pero no todos vivimos"(Andrew Sachs)
"Es difícil desprenderse de alguien cuando lo tienes incorporado en el corazón. Cuando respiras,
 late su recuerdo"

by: Surrealistly
  De pequeños jugaban juntos. En la adolescencia comenzaron su relación amorosa. Eran unos jóvenes que el destino tenía planeado que fueran el uno para el otro. Su noviazgo fue largo, lo típico y lo acostumbrado en un pueblo rural de la profunda España de entonces. Su pequeña población pronto se habituaron verlos en pareja, y todos ellos parecían estar convencidos que estaban hechos el uno para el otro. 
   Llegó el día de su boda. Casi todo pueblo de sus 300 habitantes se alegraron y muchos de ellos tuvieron lugar en su banquete. 
    Pasaron unos años y tuvieron su primer hijo al que llamaron José. Unos años después, tuvieron una niña a la que llamaron Rosa. 
   Como el pueblo tenía que depender del comercio ambulante, él se ánimo en  hacerlo prosperar en servicios y puso un negocio de carnes muy necesitado en la localidad. Sin hacerse rico, el negocio fue prosperando con afecto popular. Los hijos fueron creciendo llegando hasta la adolescencia.
   Pero el destino ha veces no aparece como lo esperado. A sus 50 años sufrió un ataque al corazón que lo llevó al otro mundo. Su mujer quedó en estado de shock, y ella y sus hijos no se vieron con el valor de continuar con el negocio y tuvieron que cerrarlo.

   Todavía, unos 30 años después, su viuda continua en ese mismo estado de shock. Observa oculta tras unos cortinajes de su casa los paseantes vecinos de su calle. Le es muy difícil relacionarse apenas con nadie y le cuesta articular palabras alguna. Es como si estuviera fallecida en vida, y camina torpemente ladeada como si le faltara la otra parte de la persona querida para estar equilibrada y encontrarse con razón.

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    "Las cosas son como son, sufrimos porque lo hemos imaginado distinto"                        (A. Jodorowsky)

  De todos los dolores que existen en el mundo, lo hay de más pequeños. Y ocurren en uno o en otro en el alrededor de nuestra vida. Aunque seamos conocedores de esperanzas rotas, siempre existe alguna que nos puede conmover.
   Conocí a un chico, un joven de unos treinta años. Vino de Italia a Barcelona a instalar una pizzería como negocio que prometía prosperar. Alquiló un local en una localidad afueras de la provincia y colindante con el mar. Todo parecía prosperar perfectamente, las obras y sus instalaciones se cumplían dentro de lo previsto y deseado. Logró ponerse en funcionamiento al fin. Pero unas semanas después, llegó el confinamiento del COVID. El negocio debía de permanecer cerrado, pero el alquiler debía de respetarse y mantenerse. Así que, mes tras mes, el chico pagaba su debido alquiler con la esperanza de que la pesadilla terminara pronto. Pero no fue así como todos sabemos. La duración de la pandemia fue prolongada, y en ese recorrido del tiempo, el joven se arruinó para terminar de pagar la maquinaria y los trabajos efectuados del mencionado local. 
   Cuando todo volvió a su normalidad, se vio obligado a abandonar el negocio para pagar sus deudas.
    Ahora el muchacho trabaja tres días aquí y quince días allá, no siempre es así pero el chico va haciendo de todo lo que se presenta. Las perspectivas pueden ser novedosas y atractivas, pero el futuro no es siempre prometedor. La prosperidad no está garantizada.

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18 jun 2023

Sostenibilidad y movilidad

 "Todo parece ser un complejo entramado de buenas intenciones sin conseguir verdaderas soluciones"

Ilustración de Axxard collages

Existe una campaña de concienciación donde se habla de una transformación ecológica del medio ambiente. Se supone que con nuestros pequeños actos diarios se consiga frenar el calentamiento global. Esto puede dar una sensación de  <sentimiento de culpabilidad> por nuestra participación en la suciedad del planeta. Aunque no ha sido todo lo correcto como se debía de actuar, el ciudadano de a pie, el que cada día acude a su trabajo, el que con su esfuerzo colabora con el avance del mundo, sólo ha participado en lo que se le concienció y de lo que se le fue vendiendo en cada momento de su vida. Así se ha logrado alcanzar este modelo de progreso haciéndole participe del consumo abrumador. Nunca se ha construido a conciencia pensando en las trágicas consecuencias que pueden acarrear en un futuro. El negocio siempre cree que a la larga obtendrá una solución a sus malas causas y procedimientos, confiando y dejando en manos del tiempo y de la ciencia esa solución. El ser humano a la vez, es un instrumento que el mercado sabe utilizar muy bien. Nuestras costumbres no son muy desapercibidas porque son muy constantes y habituales, y si nos ponemos a pensar, la economía se alimenta de cada gesto que realizamos. Si en su momento el ciudadano compró un automóvil (que ahora resulta ser un gran contaminante), es porque se le introdujo en un rol fomentando un mercado capitalista, progresivo y consumista, que con el transcurso de los años, se ha distanciado del calor humano teniendo como finalidad, la de ser económicamente más rica. Las grandes industrias automovilísticas y energéticas (petroleras y electricas), son en sí mismo un complejo negocio difícil de corregir. Los eruditos de estos negocios, sabían con suficientes años de antelación, que el planeta sufriría problemas ecológicos. Sin embargo, sus mayores preferencias, preocupaciones e intereses siempre son sus beneficios. La contaminación de CO2 siempre ha sido una cuestionable preocupación. 

   Cuestiones hay muchas que se podrían analizar para mejorar el aire que respiramos. Por ejemplo, en la actualidad no existe una perfecta movilidad de un servicio de un transporte colectivo y económico que cubra toda una metrópolis. La utilidad del vehículo se hace cada día más presente porque alejan los puestos de trabajo del lugar de residencia. Hay estadísticas que dicen que en una ciudad como la de Barcelona, se desplazan cada día un millón de vehículos que son conducidos a los lugares de trabajo, una cifra que coincide con la misma cantidad de aviones que surcan diariamente el cielo del mundo. Las soluciones para lograr una ciudad sostenible  son pasajeras y sus remedios no son del todo acertados. Un remedio impuesto, siendo otro de los ejemplos, es que acotan el transporte privado para que no circulen en el interior de la ciudad, alegando un exceso de contaminación; y que sus vehículos aparcados y en circulación, ocupan un aproximado 76% del espacio urbano. Algo contradictorio con la publicidad excesiva en ventas de coches modernos e híbridos, cuyo otro problema surgirá con sus baterías de litio también contaminantes (considerado un mineral tan valioso como el oro en este siglo). También se piensa más en la recaptación económica que deja el turismo que en la propia convivencia del ciudadano. Si el uso del transporte público en general fuera más facilitado y económico, el ciudadano adoptaría otra conciencia y otros planteamientos. Ese favorecimiento no ha sido equilibrado, pues el efecto ha sido todo lo contrario: limitaron y encarecieron los pases o bonos -más usuales-  de billetes de esos transportes públicos. Además, cualquier situación crítica, altera los precios a la alza de los combustibles sean cualquiera de ellos, con lo que motiva un incremento -el IPC- en todos los productos de consumo. No se  puede responsabilizar a una población del daño que se le está  causando al planeta. Se pueden practicar algunos remedios alternativos. El consumo es excesivo, la fabricación ya tenía que estar en <fase de decrecimiento >, esto quiere decir, que se ha de producir lo justo y necesario. Los materiales deberían ser de larga vida y no con fecha de caducidad. Se supone que existe diversas formas de mejorar el medio ambiente, pero los mismos que la proclaman deberían dar señales de mejoramiento. 

   Con nuestras pequeñas aportaciones medio ambientales en reciclaje y etc..., aunque se sumara toda la población, no se alcanzaría ecológicamente lo suficiente para evitar entre ello, el calentamiento global. Para ello hay que frenar las grandes industrias contaminantes y facilitar el transporte público para que no sean los mayores causantes de la polución. Es obvio que para convivir en una sociedad ecológica, alcanzar esa conciencia y sus costumbres llevará mucho tiempo.

   En el primer año del COVID, se dijo en un programa informativo de televisión que, - la calidad del aire mejoró porque se paralizó muchas industrias, el transporte y ese millón de aviones que circulaban cada día por el mundo-. Cada vez más, existe en la opinión pública, la creencia de que el dichoso virus fue una fabricación y que se experimentó con toda la población mundial. El motivo de ello no lo sabremos nunca; sólo se supondrá por ciertas confabulaciones a la que uno puede creer o no. El suceso pandémico que paralizó el mundo en nuestro siglo, fue una desgraciada lección de vida que se esperaba que tras la recuperación, todos hubiéramos aprendido algo para mejor, y este suceso que ha persistido en sus variaciones, no ha conseguido cambiarnos. Sin embargo, lo que se ha logrado es que la gente sea más egocéntrica y menos solidaria. Todo lo contrario a lo que todos los optimistas esperábamos. Lo que se ha conseguido -a pesar de sus trágicas consecuencias-, ha sido una transformación acelerada de una sociedad que cada vez es más dispersa y dividida con tendencias individualistas navegando en un mundo de incertidumbre. Y para ello está la función y el servicio de las tecnologías que -nos tecnodirigen la vida- a las que nos tenemos que adaptar nos guste o no, y que ha ido cambiando a la derriba los sistemas públicos que funcionaban con su trato presencial con la población. La sanidad por ejemplo, después de agotar a sus sanitarios con la prevención del virus, a degenerado en los servicios. Pero ellos no son los culpables. Este caos pandémico, ha activado a que muchos sistemas de la sociedad, se transformen. Para ello, una de las invenciones ha sido el teletrabajo y el < hágalo usted mismo >. El ciudadano en algunos aspectos, se encuentra desolado cómo ocurre con los organismos oficiales que siendo ser los pilares de cualquier Estado, ha tenido sus puertas cerradas así como los servicios de la banca, en la que hay que solicitar día y hora para ser atendido, lo cual ha sido difícil garantizar debidamente las gestiones, sin embargo, los pequeños negocios siguen el funcionamiento habitual. Da a entender con esta actitud que hay clases y diferentes formas de atender a su población. ¿Qué función y sentido puede tener las instituciones que representan un Estado si estas permanecen cerradas o limitadas al ciudadano?. La sostenibilidad de las ciudades es una garantía de funcionamiento que produce estabilidad y seguridad. La sostenibilidad, como dice su propia palabra, es sostener un interés, buscar respuestas correctas y mantener la preocupación por el ciudadano en todos los aspectos de una convivencia. Si esto no funciona, las actitudes del ciudadano será el reflejo de la incompetencia e inaptitud de las políticas y sus políticos.

"El error consistió

En creer que la Tierra era nuestra 

Cuando la verdad de las cosas

 Es que nosotros somos de la Tierra "(Nicanor Parra)

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14 jun 2023

La burocracia según Erich Fromm.

   "Después de que el ser humano es reducido a un número, los verdaderos burócratas pueden cometer actos de auténtica crueldad..." 

"La burocracia es el arte de convertir lo fácil en difícil mediante lo inútil "

   La burocracia está más implantada que nunca. La pandemia suprimió el servicio presencial de todas sus instituciones. Instituciones que son la columna vertebral de cualquier Estado. Sus funciones fueron reducidas y sustituidas por servicios telemáticos donde el mismo contribuyente que mantiene la vertebración del pais con sus impuestos, se mantuvo en dificultades y con el sentimiento del abandono para realizar gestiones municipales y sociales. En la actualidad este tipo de funcionamiento tecnocrático y burocrático se ha convertido en un costumbrismo. El pensador y filósofo Erich Fromm (1900-1980) hizo su análisis crítico y acertado en 1976, donde examinó el comportamiento del individuo en diferentes conceptos y planteado entre el modo de - Tener o Ser- disyuntivas para el ser humano todavía a tener en cuenta porque hay normas y conductas que siguen legislandose en la actualidad. Pensamiento que se expone a continuación a lo que se refiere al mencionado concepto.

La participación activa y responsable requiere además que la administración humanista remplace a la administración burocrática. 

   La mayoría aún cree que cualquier tipo de administración en gran escala necesariamente debe ser "burocrática", o sea una forma alienada de administración. La mayoría no advierte que el espíritu burocrático es inerte y que invade todas las esferas de la vida, aún donde esto no es demasiado obvio, como en las relaciones entre el médico y los pacientes, y entre el esposo y esposa. El método burocrático puede definirse como un sistema que a) Administración a los humanos como cosas, y b) Administra las cosas en términos cuantitativos y no cualitativos, para hacer más fácil y barata la operación y el dominio. El método burocrático se gobierna por datos estadísticos: los burócratas basan sus decisiones en reglas fijas, a las que llegan por medio de datos estadísticos, y no reaccionan ante los seres humanos que están frente a ellos; deciden los problemas según lo que estadísticamente más probable en cada caso, aunque corran el riesgo de dañar al 5 o al 10% de los que no se adaptan a este patrón. Los burócratas temen la responsabilidad personal y se refugian tras sus reglamentos; su seguridad y su orgullo se basa en su adhesión a las reglas, y no en su lealtad a las leyes del corazón humano.

   Eichmann (analizado por Hannah Arendt) fue un ejemplo extremo de lo que es un burócrata. Eichmann no envío a la muerte a cientos de miles de judíos porque los odiara; no odiaba ni amaba a nadie. Eichmann "cumplió con su deber": se mostró obediente como cuando envío a los judíos a la muerte; fue tan obediente como cuando le encargaron sencillamente que apresurara la emigración judía de Alemania. Sólo le importaba obedecer las reglas; únicamente se sentía culpable cuando las desobedecía. Afirmó (causándose daño en el juicio que le seguían) que sólo se había sentido culpable por dos motivos: por haber faltado sin permiso a la escuela cuando era niño, y por haber desobedecido la orden de protegerse durante un ataque aéreo. Esto no implica que no hubiera un elemento de sadismo en Eichmann ni en muchos otros burócratas, o sea la satisfacción de dominar otras vidas humanas; pero este rasgo sádico sólo es secundario si se compara con los elementos primarios de los burócratas: su falta de reacciónes humanas y su culto a los reglamentos.

   No se está afirmando que todos los burócratas sean como Eichmann. En primer lugar, muchos seres humanos que ocupan puestos burocráticos no tienen carácter de burócratas. En segundo lugar, en muchos casos la actitud burocrática no se apodera de toda la persona y destruye su aspecto humano. Sin embargo, hay muchos Eichmann entre los burócratas, y la única diferencia es que no han matado a miles de personas; pero por ejemplo, cuando el burócrata de un hospital se niega a admitir a un paciente sea enviado por un médico, ese burócrata actúa como Eichmann; también lo hacen los trabajadores sociales que deciden dejar que una persona se muera de hambre, por no violar cierto reglamento de su código burocrático. Esta actitud burocrática existe no sólo en las administraciones, sino en los médicos, en las enfermeras, en los maestros de escuela y de la universidad y también en muchos padres en su relación con sus hijos.

   Después del que el ser humano es reducido a un número, los verdaderos burócratas pueden cometer actos de auténtica crueldad, y no porque sean impulsados por una crueldad tan grande como la consecuencia de sus actos, sino porque no se sienten vinculados humanamente con sus semejantes; los burócratas, aunque menos viles que los sádicos, son más peligrosos, porque no sienten siquiera un conflicto entre su conciencia y el deber; su conciencia es cumplir con el deber; los seres humanos como objetos de simpatía y compasión no existen para ellos. 

   Los burócratas anticuados, que se sienten predispuestos a ser poco amables, aún existen en algunas empresas antiguas o en las grandes organizaciones, como las instituciones de servicios sociales, hospitales, prisiones, donde un burócrata tiene considerable poder sobre los pobres y otra gente indefensa. Los burócratas de la industria moderna son amables y probablemente tienen pocos rasgos sádicos, aunque pueden sentir el placer de ejercer poder sobre la gente; pero de nuevo encontramos en ellos esa lealtad burócrata a las cosas, en su caso, al sistema: ellos creen éste. La empresa es su hogar, y sus reglamentos son sagrados, porque los consideran "racionales".

   Pero ni los antiguos ni los nuevos burócratas pueden coexistir en un sistema de democracia participativa, porque el espíritu burocrático es incompatible con el espíritu de participación activa individual. La nueva ciencia social debe crear planes para nuevas formas de administración no burocrática y en gran escala, que sea dirigida por reacciones que reflejen "responsabilidad" a la gente y las situaciones, y no por la mera aplicación de los reglamentos. La administración no burocrática es posible, siempre que se considere la capacidad de reaccionar espontáneamente del administrador, y que no convierta el ahorro de esfuerzos en un fetiche.

(Erich Fromm de su libro "Ser o Tener")

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31 may 2023

La propiedad como derecho natural, de Pierre Joseph Proudhon (fragmento)

 "En materia de propiedad el uso y el abuso se confunden necesariamente" (P.J. Proudhon)



P.J. Proudhon
"La Declaración de los derechos del hombre ha colocado el de propiedad entre los llamados naturales e imprescriptibles, que son los cuatro siguientes: libertad, igualdad, propiedad y seguridad individual ¿Qué método han seguido los legisladores  de la Constitución de1793 para hacer estas enumeraciónes? Ninguna, fijaron esos principios y disertaron sobre la soberanía y las leyes de un modo generalizado y según su particular opinión. Todo parece que lo hicieron a tientas.

   De creer a Toullier, - los derechos absolutos pueden reducirse a tres: seguridad, libertad, propiedad -.¿Por qué han eliminado la igualdad ? ¿Será porque la libertad la supone, o porque la propiedad la rechaza? El autor del Derecho Civil comentado nada dice sobre ello; no ha sospechado siquiera que ahí está el punto de discusión.

   Pero si se comparan entre sí estos tres o cuatro derechos, se observa que la propiedad en nada se parece a los otros; que para la mayor parte de los ciudadanos sólo existe en potencia como facultad dormida y sin ejercicio; que para los que las disfrutan es susceptible de determinadas transacciones y modificaciones que repugnan a la cualidad de derecho natural que a la propiedad se atribuye; que en la práctica los gobiernos, los tribunales y las leyes no la respetan; y, en fin, que todo el mundo, espontánea y unánimemente, la juzga quimérica.

   La libertad es inviolable. Yo no puedo vender ni enanejar mi libertad. Todo contrato, toda estipulación que tenga por objeto la enajenación o suspensión de la libertad es nulo; el esclavo que pisa tierra de libertad es en el mismo instante libre. Cuando la sociedad detiene a un malhechor y le quita su libertad, obra en legítima defensa; quien quebrante el pacto social cometiendo un crimen, se declara enemigo público, y al atentar a la libertad de los demás, les obliga a que le priven de la suya. La libertad es la condición primera del estado del hombre; renunciar a la libertad equivaldría a renunciar a la cualidad del hombre. ¿Cómo sin libertad podría el hombre realizar sus actos?.

   Del mismo modo, la igualdad ante la ley no admite restricción ni excepción. Todos los ciudadanos son iguales admisibles a los cargos públicos; y he aquí por qué, en razón de esta igualdad, la suerte o la edad deciden, en muchos casos, la preferencia. El ciudadano más humilde puede demandar judicialmente al personaje más elevado y obtener un fallo favorable. Si un millonario construyese un palacio en la viña de un pobre labrador, los tribunales podrían condenar al intruso a la demolición del palacio, aunque le hubiese costado millones, al replanteo de la viña y al pago de daños y perjuicios. La ley quiere que toda propiedad legítimamente adquirida sea respetada sin distinción de valor y sin preferencia de personas.

   Es muy cierto que para el ejercicio de algunos derechos suelen exigir la ley determinadas condiciones de fortuna y capacidad. Pero todos los publicistas saben que la intención del legislador no ha sido establecer un privilegio, sino la de adoptar garantías. Una vez cumplidas las condiciones exigidas por la ley, todo ciudadano puede ser elector y ser elegido: el derecho, una vez adquirido, es igual para todos, y la ley no distingue entre las personas y los sufragios. No examinó en este momento si este sistema es el mejor; basta a mi propósito que en el espíritu de la Constitución y a los ojos de todo el mundo la igualdad ante la ley sea absoluta y que, como la libertad, no pueda ser materia de transacción alguna.

   Respecto al derecho de seguridad personal lo mismo puede afirmarse. La sociedad no ofrece a sus miembros una semiproteción, una defensa incompleta; la presta íntegramente a sus individuos, obligados a su vez con la sociedad. No les dice: - Os garantizaré vuestra vida, si el hacerlo nada me cuesta; os protegeré, si en ello no corro peligro -, sino que les dice: - Os defenderé de todo y contra todos; os salvaré y os vengaré o pereceré con vosotros -. El Estado pone todo su poder al servicio de cada ciudadano. La obligación que recíprocamente les une es absoluta.

   ¡Cuánta diferencia en la propiedad! Codiciada por todos, no está reconocida por ninguna. Leyes, usos, costumbres, conciencia pública y privada, todo conspira para su muerte y para su ruina. Para subvenir a las necesidades del gobierno, que tiene ejércitos que mantener, obras que realizar, funcionarios que pagar, son necesarios los impuestos. Nada más razonable que todo el mundo contribuya a estos gastos. Pero ¿por qué el rico ha de pagar más que el pobre? Esto es lo justo, se dice, porque posee más. Confieso que no comprendo está justicia.

   ¿Por qué se pagan impuestos? Para asegurar a cada uno el ejercicio de sus derechos naturales, libertad, igualdad, seguridad, propiedad,; para mantener el orden en el Estado; para realizar obras públicas de utilidad y de esparcimiento. 

   ¿Pero es que la vida y la libertad del rico son más costosas de defender que las del pobre? ¿Es que en las invasiones, las hambres y las pestes representa para el Estado mayor número de dificultades el gran propietario que huye del peligro sin acudir a su remedio, que el labriego que continúa en su choza abierta a todos los azotes?

   ¿Es que el orden está más amenazado para el burgués que para el artesano o el obrero? No, pues al contrario, la policía tiene más trabajo con dos centenares de obreros en huelga que con 200.000 propietarios.

   ¿Es que el capitalista disfruta de las fiestas nacionales, de la propiedad de las calles, de la contemplación de los monumentos, más que el pobre...? No; el pobre prefiere su campo a todos los explendores de la ciudad, y cuando quiere disfrutar se contenta con subir a las cucañas.

   Una de dos: o el impuesto proporcional garantiza y consagra un privilegio en favor de los grandes contribuyentes, o significa en sí mismo una iniquidad. Porque si la propiedad es derecho natural, como afirma la Declaración de los derechos del hombre, todo lo que me pertenece en virtud de ese derecho es tan sagrado como mi propia persona; es mi sangre, es mi vida, soy yo mismo. Quién perturbe mi propiedad atenta a mi vida. Mis 100.000 francos de renta son tan inviolables como el jornal de 75 céntimos de la obrera, y mis confortables salones como su pobre buhardilla. El impuesto no se reparte en razón de la fuerte, de la estatura, ni del talento; no puede serlo tampoco en razón de la propiedad. Si el Estado me cobra más, debe darme más, o cesar de hablarme de igualdad de derechos; porque en otro caso, la sociedad no está instituida para defender la propiedad, sino para organizar su destrucción. El Estado, por el impuesto proporcional, se erige en jefe de bandidos; él mismo da el ejemplo del pillaje reglamentado; es preciso sentarse en el banco de los acusados, al lado de esos ladrones, de esa canalla execrada que él hace asesinar por envidias del oficio.

   Se arguye precisamente que para contener esa canalla son precisos los tribunales y los soldados. El gobierno es una sociedad, pero no de seguros, porque nada asegura, sino constituida para la venganza y la represión. La prima que está sociedad hace pagar, el impuesto, se reparte a prorrata entre las propiedades, es decir, en proporción de las molestias que cada una proporciona a los vengadores y represores asalariados por el gobierno.

   En este punto nos encontramos muy lejos del derecho de propiedad absoluto e inalienable. ¡Así están el pobre y el rico en constante situación de desconfianza y de guerra! ¿Y por qué se hacen la guerra? Por la propiedad: ¡de suerte que la propiedad tiene por consecuencia necesaria la guerra a la propiedad...! La libertad y la seguridad del rico no estorban a la libertad y a la seguridad del pobre; lejos de ello, pueden fortalecerse recíprocamente. Pero el derecho de propiedad del primero tiene que estar incesantemente defendido contra el instinto de propiedad del segundo. ¡Qué contradicción!.

   En Inglaterra existió un impuesto en beneficio de los pobres. Se pretende que yo, como rico, pague este impuesto. Pero ¿qué relación hay entre mi derecho natural e imprescriptible de propiedad y el hambre que atormenta a diez millones de desgraciados? Cuando la religión nos manda ayudar a nuestros hermanos, establece un precepto para la caridad; pero no un principio de legislación. El deber de beneficencia que me impone la moral cristiana, no puede en mi perjuicio un derecho político a favor de nadie, y mucho menos un instituto de mendigos. Practicarse la caridad, si ése es mi gusto, si experimento por el dolor ajeno esa simpatía de que hablan los filósofos y en la que yo no creo, pero no puedo consentir a que se me obligué a ello. Nadie está obligado a ser justo más allá de esta máxima: gozar de su derecho, mientras no perjudique el de los demás; cuya máxima es la definición misma de la libertad. Y como mi bien reside en mí y no debo nada a nadie, me opongo a que la tercera de las virtudes teologales esté a la orden del día.

   ... El Estado es también la universalidad de los ciudadanos reunidos bajo una ley común para vivir en sociedad. Esta ley garantiza a todos sus respectivas propiedades: al uno su tierra, al otro, su viña, a aquel sus frutos, al capitalista, que podría adquirir fincas, pero prefiere aumentar su capital, sus rentas. El Estado no puede exigir, sin una justa indemnización, el sacrificio de un palmo de tierra, de un trozo de viña, y menos aún disminuir el precio de arriendo. ¿Cómo va, pues, a tener el derecho de rebajar el interés del capital? Sería preciso, para que esté derecho fuera ejercido sin daño de nadie, que el capitalista pudiera hallar en otra parte una colocación igualmente ventajosa para su dinero; pero no pudiendo romper su relación con el Estado, ¿dónde encontraría esa colocación, si la causa de la conversión, es decir, el derecho de tomar dinero a menor interés reside en el mismo Estado? He aquí por qué un gobierno, fundado en el principio de la propiedad, jamás puede menoscabar las rentas sin la voluntad de sus acreedores. El dinero prestado a la nación es una propiedad, a la que no hay derecho a tocar mientras las demás son respetadas: obligar a hacer la conversión equivale, con relación a los capitalistas, a romper el pacto social, a colocarlos fuera de la ley. Toda la contienda sobre la conversión de las rentas se reduce a esto...

   Concretando: la libertad es un derecho absoluto, porque es al hombre, como la impenetrabilidad a la materia, una condición de su existencia. La igualdad es un derecho absoluto, porque sin igualdad no hay sociedad. La seguridad personal es otro derecho absoluto, porque, a juicio de todo hombre, su libertad y su existencia son tan preciosas como las de cualquier otro. Estos tres derechos son absolutos, es decir, no susceptible de aumento ni disminución, porque en la sociedad cada asociado recibe tanto como da, libertad por libertad, igualdad por igualdad, seguridad por seguridad, cuerpo por cuerpo, alma por alma, a vida y a muerte.

   Pero la propiedad, según su razón etimológica y la doctrina de la jurisprudencia, es un derecho que vive fuera de la sociedad, pues es evidente que si los bienes de propiedad particular fuesen bienes sociales, las condiciones serían iguales para todos, y supondría una contradicción decir:< la propiedad es el derecho que tiene el hombre de disponer de la manera más absoluta de unos bienes que son sociales>.

   Por consiguiente, si estamos asociados para la libertad, la igualdad y la seguridad, no lo estamos para la propiedad.

   Luego si la propiedad es un derecho natural, este derecho natural no es social, sino antisocial. Propiedad y sociedad son conceptos que se rechazan recíprocamente; es tan difícil asociarlos como unir dos imanes por sus polos semejantes.

   Por eso, o la sociedad mata a la propiedad o ésta a aquella.

   Si la propiedad es un derecho natural, absoluto, imprescriptible e inalienable, ¿por qué en todos los tiempos ha preocupado tanto su origen?. Este es todavía uno de los caracteres que la distinguen. ¡El origen de un derecho natural! ¿Y quién ha investigado jamás el origen de los derechos de libertad, de seguridad e igualdad?. Existen por la misma razón que nosotros mismos, nacen, viven y mueren con nosotros. Otra cosa sucede, ciertamente, con la propiedad. Por imperativo de la ley, la propiedad existe aún sin propietario, como facultad sin sujeto; lo mismo existe para el que aún no ha nacido que para el octogenario. Y entretanto, a pesar de esta maravillosas prerrogativas que parecen derivar de lo eterno, no ha podido esclarecerse jamás donde procede la propiedad.

   Los doctores están contradiciendo se todavía. Sólo acerca de un punto están de acuerdo en que la justificación del derecho de propiedad depende de la autenticidad de su origen. Pero esta mutua conformidad a todos perjudica, porque ¿cómo han acogido tal derecho sin haber dilucidado antes la cuestión de su origen?.

   Aún hay quienes se oponen a que se esclarezca lo que haya de cierto en los pretendidos títulos del derecho de propiedad y a que se investigue su fantástica y quizá escandalosa historia: quieren que se atenga uno a la afirmación de que la propiedad es un hecho, y como tal ha existido y existirá siempre.

   Los títulos en que se pretende fundar el derecho de propiedad se reducen a dos: la ocupación y el trabajo. Algo a lo que hay que examinar sucesivamente bajo todos sus aspectos y en todos sus detalles. Demostraré y haré surgir en mi publicación, la prueba irrefragable de que la propiedad, para ser justa y posible, debe tener por condición necesaria la igualdad.

Pierre Joseph Proudhon.(Francia 1809- 1865). Compartió junto con Bakunin y Kropotkin el ideal del anarquismo.

   De origen campesino, hijo de un cervecero, Proudhon procesó desde muy joven el ideal cooperativista influido por el socialismo de Charles Fourier. Su actividad revolucionaria le valió el exilio y la cárcel. Sus ideales anarquistas tomo parte en la política institucional y en 1848 fue elegido diputado de la Asamblea Nacional. En 1849 es hecho preso por criticar al emperador Luis Napoleón, pero logra huir exiliandose a Bélgica. Tipografo de profesión con lo que demostró tener una notable cultura. Una de sus frases más populares es <La propiedad es un robo>. Su libro ¿ Qué es la propiedad? es un argumento razonable donde analiza radicalmente el concepto y el origen de la propiedad privada donde la despoja de toda su codicia y de los interés privados. Un planteamiento subversivo e interesante. Otra de sus obras populares es "El Principio Federativo".

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