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8 mar 2022

El indio Cochise, una breve historia.

 "Los únicos indios buenos que he conocido estaban muertos"(frase del General Sheridan en 1867).


*"De joven recorrí todo este país, de este a oeste, y jamás vi a otra gente que no fuera la apache. Después de muchos veranos, emprendí de nuevo la marcha y descubrí que otra raza se estaba posesionado de él. ¿Cómo era posible? ¿Por qué los apaches parecen aguardar la muerte con resignación, como si la vida se les escapara por la punta de los dedos? Vagan por las colinas y llanuras en espera de que caiga el cielo sobre ellos. Los apaches fueron una gran nación, pero son pocos los que ahora quedan; por esta razón desean morir y ofrecen su vida con sus mismas manos" ( Cochise, de los apaches Chiricahua)

   "No quiero vagar más por las montañas, deseo cerrar un gran trato... Mantendré mi palabra hasta que se derritan las piedras... Dios hizo al hombre blanco y Dios hizo al apache, y éste tiene tanto derecho al país como aquél. Quiero firmar un tratado duradero; así, ambos podrán recorrer el país sin problemas" (Delshay, de los apaches tontos).

   "De no haber sido por la matanza, serían muchísimos más los aquí presentes; pero, después de lo ocurrido, ¡quién era capaz de soportarlo!. Cuando hice la paz con el teniente Whitman, mi corazón, ensanchado, rebosaba de alegría. Las gentes de Tucson y de San Javier deben estar locas. Han actuado como si carecieran  de cabeza y de corazón... Deben estar sedientos de nuestra sangre... Esas gentes de Tucson escriben para los papeles y cuentan su propia historia. Los apaches no tienen a quien contarle la suya". (Eskiminzin,de los apaches Aravaipa).

   "Después de la visita de Nube Roja, en 1871, el comisionado Ely Parker y otros funcionarios del Gobierno trataron la convivencia de invitar a Cochise, el gran jefe apache, a Washington. Aunque en territorio apache no había habido ninguna campaña militar de importancia, desde la partida del general Carleton, a finales de la guerra civil eran frecuentes las escaramuzas entre bandas de indios errantes y colonos blancos, mineros y comerciantes que irrumpía en territorio apache en busca de mercados. El Gobierno había dispuesto cuatro reservas en Nuevo México y Arizona, pero fueron muy pocos los apaches que se decidieron a ocuparlas. Parker esperaba que Cochise contribuyera al logro de una paz duradera en aquella zona y comunicó a sus representantes allí destacados la conveniencia de invitar al jefe indio a la capital de la nación.

  Recién nacida la primavera de 1871, aquellos lograron dar con su hombre, quien después de todo rechazó la invitación. Respondió simplemente que desconfiaba de todo representante del Gobierno, fuera civil o militar.

   Cochise era un apache Chiricahua. Aventajaba en talla en la mayoría de su gente, poseía poderosas espaldas y tórax elevado, y su rostro, de ojos negros, larga y recta nariz y amplia frente, quedaba enmarcada por una leonina cabellera de color azabache. Los blancos que le habían conocido hablaban de sus amables maneras y de la apostura y limpieza de su aspecto.

   Cuando los americanos llegaron  a Arizona por primera vez, Cochise les había prometido permitir el paso de los americanos, que seguían la ruta sur hacia California, por sus tierras. De este modo, no puso objeción alguna al establecimiento en Apache Pass de una estación de pistas de la Butterfield Overland Mail Company; de hecho, los chiricahuas establecidos en la zona solían cortar leña para el puesto a cambio de provisiones.

   Entonces, un día de febrero de 1861, Cochise recibió un mensaje en el que se solicitaba su presencia en la estación para conferenciar con un oficial del ejército. Al dar por seguro que se trataba de un asunto de rutina, Cochise acudió acompañado de cinco miembros de su familia: su hermano, dos sobrinos, una mujer y un niño. El militar que deseaba verle era el teniente George N. Bascom, del séptimo de infantería; había sido destacado al mando de una compañía de soldados, con objeto de recuperar una punta de ganado y a un muchacho mestizo, desaparecidos del rancho de John Ward. Este último había acusado del hecho a los chiricahuas de Cochise.

   Tan pronto como éste y sus acompañantes hicieron su entrada en la tienda de Bascom, se vieron rodeados por doce soldados, al tiempo que el teniente exigía de modo perentorio la devolución del ganado y del muchacho.

   La noticia no era nueva para Cochise. Sabía que una banda de coyoteros del Gila había estado merodeando por el rancho de Ward y probablemente, dijo, se hallaba ahora en Black Mountain. Añadió que acaso no le fuera difícil concertar un trato. La respuesta de Bascom fue una nueva acusación contra los chiricauas. Al principio, Cochise creyó que el joven oficial sólo trataba de intimindarle o que se burlaba de él. Sin embargo, Bascom era corto de genio y, al advertir que el indio tomaba sus palabras un tanto a la ligera, ordenó el arresto inmediato de aquél y de sus familiares en calidad de rehenes.

   Cuando los soldados se cerraron en torno a ellos para cumplirla orden. Cochise rajó con su cuchillo una  de las paredes de la tienda y huyó bajo una lluvia de metralla. Aunque resultó herido, logró escapar; sus parientes, en cambio, quedaron prisioneros. Para liberarlos, Cochise y sus guerreros capturaron a tres blancos en la ruta Butterfield e intentaron concertar un intercambio con el teniente Bascom, el cual se negó rotundamente, a menos que en el trato se incluyeran al muchacho y al ganado desaparecidos.

   Furioso ante la negativa de Bascom, quien no les consideraba inocentes, Cochise bloqueó Apache Pass y  puso sitio a la estación que alojaba a los soldados. Tras un nuevo y vano intento de negociar, Cochise ejecutó a los prisioneros; fueron mutilados por los indios con sus lanzas, tras seguir una cruel práctica aprendida de los españoles. A los pocos días se vengó Bascom, al ahorcar a los tres familiares varones de Cochise.

    En este momento histórico los chiricahuas transfirieron a los americanos el odio que habían sentido siempre por los españoles. A lo largo de un cuarto de siglo, la nación apache entera iba a sostener una inexorable guerra de guerrillas, la más costosa en vidas humanas y en bienes de todas las guerras indias..."

(Extracto de "Enterrad mi corazón en Wounded Knee", escrito por Dee Brown de 1970).

Filmografía, música y literatura:

Las historias sobre los indios son diversas y nunca se han hecho una biografía justa y real de cómo eran sus costumbres, sus vidas, etc.. Las películas de western apenas dan un fiel reflejo, porque la historia es contada con la versión de los vencedores. Sólo unas cuantas y para mencionar algunas como la de "Un hombre llamado Caballo", película dirigida por Elliot Silverstein, estrenada en 1970 y protagonizada por Richard Harris. También la de "Pequeño Gran Hombre" dirigida por Arthur Penn con su protagonista Dustin Hoffman. Unas de las últimas y más bellas, como la mayoría conocemos, es la de "Bailando con Lobos" protagonizada por Kevin Costner en 1990, son las que más se aproximan a darnos a conocer la natural costumbre de los indios. A decir verdad, ellos fueron los auténticos americanos del norte como los hubo en el sur. Sus tribus en este continente fueron múltiples y extensas: Navajos, Cheyennes, Sioux, Chiricahuas, Aravaipas, Navajos, Arapajoes, Apsarokes, etc... Como se ha intentado reflejar anteriormente, el salvajismo de los colonos blancos acabó enseñando sus prácticas, con lo cual demuestra que fueron más salvajes y despiadados que los atribuidos a los indios. La literatura tampoco es muy abundante, y este de Dee Brown es un libro biográfico muy extenso y aconsejable para los interesados, donde hay expuesto un testimonio de crueldad, de expolio y de injusticia que sufrieron todas esas tribus. La información que expone en su libro corresponde entre el período 1860-1890, en una época violenta llena de codicia, de la cual fue destruida la cultura y la civilización del Indio Americano. Donde surgieron los cazadores de pieles, montañeros, mineros y buscadores de oro, pilotos de barcos fluviales, jugadores, soldados de caballería, vaqueros y pistoleros, misioneros y colonos, granjeros, ganaderos y algunos con buena fé. Para entonces el indio consistía una amenaza para toda esta gente. Por suerte, y aunque sea muy poco, quedan registradas algunas voces indias por medio de pictogramas o recogidas en panfletos que tuvo escasa circulación. Sólo al final del siglo XIX -nos dice D. Brown-, que la curiosidad de algunos periodistas lograron entrevistar algunos jefes y guerreros indios, donde la valía del intérprete (la mayoría eran mestizos) podía variar su  expresión. Por suerte, se conservan en archivos oficiales algunas historias de este pueblo. Existen otros como "El "Legado Espiritual del Indio Americano", de Joseph Epes Brown. También podemos encontrar biografías con extensas fotos de sus nativos (como en la 📸 foto de arriba  de 1908 del indio Apsaroke, Ala Roja) en la obra de Edward S. Curtis.

   Se haría justo mencionar, que en los años setenta existía una banda de funk-rock llamada Redbone, un grupo musical, ahora lamentablemente en el olvido, fundada por los hermanos Pat y Lilly Vegas. Todos los componentes eran de ascendencia nativa americana, donde reflejaban en su música y en las portadas de sus discos su clara procedencia, por entonces algo innovador y reivindicativo. Lograron alcanzar gran popularidad y éxito con algunas de sus canciones como: " Web were all Wounded at Wounded Knee" y con "The Witch Queen of New Orleans".

   También hubo una serie de TV muy famosa entre los años 1967-1971. Creada por David Dortort ( que los interesados pueden conseguir verla y disponible en Youtube), llamada "El Gran Chaparral". Un gran western donde una familia con intención de formar un rancho con ganado, se instala en el desierto de Sonora (actual Arizona). La serie se hizo muy popular contando con una inolvidable banda sonora y con unos excelentes protagonistas que alcanzaron la fama como fue : Leif Erickson, Cameron Mitchell, Henry Darrow y Linda Cristal entre otros grandes. Menciono esta serie porque el trato con los indios es precisamente con su jefe Cochise. Fue una serie costumbrista fuera de grandes heroísmos que refleja a lo largo de sus episodios, la convivencia y las costumbres, tanto como la del indio como la del colono blanco. Cómo es natural en estás series, que en la actualidad ya no son tan típicas, cuentan un dramatismo realista donde tratan las dificultades y vivencias de esa época y la de su entorno natural como es el desierto. Las difíciles relaciones entre los seres humanos blancos y con los apaches, donde en esta producción y a lo largo de sus capítulos, se les otorga un cierto respecto.

"Nadie vive mucho.

 Sólo la tierra y las montañas"

(Canción Cheyenne)

"Para comprender cómo debe ser el estado de la sociedad, es necesario tener idea del estado natural y primitivo del hombre; tal como es hoy en día entre los -indios Norteamericanos-. No hay, en ese estado, ninguno de esos espectáculos de miseria humana cuyas pobrezas y necesidad presentan a nuestros ojos en todas las ciudades y calles de Europa.

   La pobreza, por consiguiente, es algo creado por lo que se llama vida civilizada. No existe en el estado natural" (Thomas Paine, Agrarian Justice, escrito en 1795)

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