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13 abr 2026

Diálogo ante la muerte de Sócrates

" Simplemente jamás un contrario será contrario a sí mismo"(Sócrates a Fedón)

Fedón o sobre la inmortalidad del alma

   Hay unos cuantos personajes que participan en un diálogo. Entre ellos se encuentra Equécrates que le preguntaba a Fedón si estuvo con Sócrates el día que bebió veneno en la cárcel. Fedón le contesta que estuvo personalmente. Las noticias de este suceso eran muy desconocidas, pues hacia tiempo que ningún forastero daba noticias al respecto.

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    Sócrates tuvo un juicio (en Atenas existía dos clases de juicios, una pena que proponía el acusador;  o la pena que proponía el acusado). Quizás Sócrates pudo haber sido salvado bajo una multa. Pero el filósofo, ya muy mayor, juzgó que no era digno del semejante acuerdo. Sócrates recordó a los jueces, que Atenas le debía de reconocer los beneficios que él aportó al pueblo ateniense. Una gratitud que pasó por alto la injusticia de la justicia sin saber muy bien, se dictó como imperfección del sistema judicial, su condena a muerte.

   Su muerte se prolongó unos días a causa de un festejo anual por una costumbre que viene de Teseo, cuando un día Teseo salvó a siete parejas. Es una peregrinación que desde entonces es mantenida y respetada. Durante esos días, se procuraba mantener la ciudad libre de impurezas y de evitar muertes innecesarias. Por esta causa Sócrates pasó mucho tiempo en la cárcel.

   Equécrates curioso por los últimos días del filósofo, interrogaba a Fedón con sus preguntas. Fedón le respondió, que los magistrados permitieron las visitas de amistades en la cárcel, y que no estaba solo en ningún momento. Equécrates le pide que se explique con la mayor exactitud posible. 

   Fedón confiesa que estando allí, le sucedió algo extraño. Pues no sentía compasión ante la idea de que asistía a la muerte de su amigo, ya que Sócrates mantenía un comportamiento y un diálogo feliz. Muriendo tranquilamente y noblemente. Está claro que esté acontecimiento le dio placer a todos los presentes. En el habitáculo carcelario se encontraban en un estado donde a momentos se reía y a momentos se lloraba. Sólo Apolodoro que parecía ser el más sentimental, se mantenía conmovido ante tal situación.

   Platón curiosamente, no asistió porque según parece, estuvo enfermo, pero estaban presentes unas once personas.

   Un poco antes del día de su muerte, le quitaron los grilletes y volvieron a entrar en grupo de amigos donde se encontraba su mujer llamada Jantipa y su hijo en brazos. Sócrates se mantenía inalterado y además continuaba filosofando en lo que podían ser sus últimos momentos de su vida diciendo lo extraño que parece a los hombres, y lo sorprendente, que el placer este unido al dolor. Los dos a la vez, se persiguen el uno al otro como si fueran dos seres ligados a una sola cabeza.

   La conversación continuaba, donde a momentos se tomaban tonos irónicos 

   Cebes, que era uno de los visitantes, le pregunta a Sócrates ¿En qué se basan aquellos que dicen que no es lícito darse muerte a uno mismo? Este le respondió, que existen casos donde el individuo es mejor que este muerto que vivir, y que para estos sea una impiedad hacerse ese beneficio a sí mismo (suicidarse*), y tengan que esperar a morir por otra persona... Los hombres estamos en una especie de presidio, y que no debe liberarse uno mismo ni evadirse de el, eso es algo grandioso y de difícil interpretación... Pues los dioses son quienes cuidan de nosotros y somos nosotros, los individuos, una de sus posesiones.

   Al terminar este comentario, Cebes le interrumpe diciendo que es un absurdo decir que la divinidad es quien cuida de nosotros y que nosotros somos sus posesiones. Pues el que los hombres más sensatos no sientan enfado alguno por abandonar su situación de servidumbre cuando tienen los mejores patronos, es decir, a los dioses, porque no cabe que el sabio crea que él cuidara mejor de sí mismo al estar en libertad. En cambio, es irreflexivo e insensato que un hombre cree que debe escapar de su amo, sin hacerse la reflexión de que no debe uno huir de lo que es bueno. Cebes opinaba de que la preexistencia del alma tan sólo demuestra que esta pervive en un cuerpo, pero no que sea inmortal, ya que podría ser como un vestido que puede sobrevivir a varios cuerpos pero que acaba rompiéndose, deshilachándose, etc.. y continúa diciendo entre otras cosas, que uno no debe huir de lo que es bueno, sino al contrario, permanecer a su lado lo más posible, pues quien tiene inteligencia es muy probable que deseara estar siempre junto a quien es mejor que él. Porque lo lógico es lo contrario: los sensatos es a quienes cuadra sentir enojo al morir; a los insensatos, en cambio, alegría. Sin embargo, a diferencia de Cebes, Simias era creyente en que el alma es una armonía consistente en relación en diferentes partes del cuerpo material (así lo sostenía la ciencia médica de su tiempo, y no un principio espiritual).

   A todo esto, Sócrates se vió obligado a defenderse, pero no ante el tribunal, sino ante sus visitantes, y respondió que si no creyera, primero que iba a llegar junto a otros dioses sabios y buenos y, después, junto a hombres muertos mejores que en la vida, y que cometería una falta si no me irritase con la muerte, sino que tengo la esperanza de que existe algo reservado a los muertos, y que es mucho mejor para los buenos que para los malos.

   Poco después, Sócrates replicó, que es muy posible que pase inavertido a los demás, que cuantos se dedican por aventura a la filosofía en el sentido de la palabra, pues pasan durante su vida no comentando otra cosa sino está, y que una vez llegada la muerte, se irritan con aquello que llevaban tiempo platicando **. El alma alcanza su verdad cuando no le perturba ninguno de los sentidos, ni dolor ni placer alguno, porque una vez mandado a paseo el cuerpo y liberarse de él, busca quedarse a solas con ella misma... Y más adelante dice con esplendoroso razonamiento: mientras tengamos el cuerpo y esté nuestra alma mezclada con semejante mal,  jamás alcanzaremos de manera suficiente lo que deseamos. Y decimos que lo que deseamos es la verdad. Ya son un sinfín de cosas preocupantes que nos procura el cuerpo por culpa de la necesaria alimentación y alguna enfermedad. Nos llena de amores, de deseos, de temores, de imágenes, de un montón de naderias, que por culpa de todo esto, no nos es posible tener nunca un pensamiento sensato. Guerras, revoluciones y luchas nadie las causas, sino el cuerpo y sus deseos, pues por la adquisición de riquezas somos esclavos de sus cuidados, y por todas esas causas, no tenemos tiempo libre alguno para reflexionar. Por todas estas cosas no podemos contemplar la verdad, porque es con el alma que podemos ver las cosas en sí mismas.

Notas:

*Era lícito en contra del sentir griego, el suicidio en caso de encontrarse ante una situación de máxima angustia, debido al dolor. Sócrates defiende en todos sus diálogos el carácter ilícito del suicidio debido a que se pertenece a la voluntad de los dioses. Una doble ironía.

**La filosofía platónica, precede al cristianismo, considera está vida cómo una cárcel o prisión de la que hay que liberarse. De ahí, que la filosofía sea una meditación sobre la muerte. Es un ejercicio en el hecho de ir muriendo poco a poco, e ir desprendiéndose de esta vida y sus figuras, de sus prejuicios y miradas...

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