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3 dic 2023

Relatos Cortos Próximos. 36 Parte

 "La comprensión de que la vida es absurda no puede ser un fin, sino un comienzo" (A. Camus)

   Las últimas veces que tuve visita médica, mí doctora estaba 
ausente. En su lugar me atendió otra suplente más joven. Así ocurrió las siguientes veces que tuve visita; bien por resultados de una analítica o por otras circunstancias. Periódicamente tuve que asistir una temporada seguida y mi doctora seguía suplantada por diferentes doctoras más jóvenes. Suele ocurrir que en ciertas profesiones como en nuestros mecánicos o nuestros peluqueros etc..., están esas personas que solemos acudir habitualmente porque mantenemos unas preferencias y confianzas. Los doctores y doctoras ya tienen nuestro historial médico y el conocimiento de nuestros dolores nada más al vernos entrar por la puerta de su consultorio. Tienen una memoria increible. Con el tiempo la seguridad social les mantiene habitualmente la misma lista de sus pacientes. Y con el tiempo saben los mejores recetas de medicamentos para que nuestro cuerpo responda mejor en salud.

    En la última consulta pregunté a la asistente del momento por mi habitual doctora. Su respuesta fue corta y fría, - no está disponible- me dijo. Me pareció por su seca contestación, haberla molestado con mi pregunta como si la hubiese subestimado. Pero esa no fue mi intención. 

   Tampoco menosprecio a los doctos más jóvenes, al contrario, me alegro de un relevo joven en las profesiones. Pero ocurre que muchas personas estamos acostumbrados a una atención y a un calor profesional humano a la que algunos de está nueva generación tiene que hacer un rodaje. Por lo menos, eso es lo que se espera. Se supone que este oficio es más destacable por su dedicación a la ciencia de la sanidad y al cuidado prójimo que cualquier otro porque la salud es primordial.

    Mencionado esto, no muchos días después de mi última visita me encontré en el vecindario a una amistad donde ambos sabíamos que teníamos la misma doctora. Como hicimos un comentario al respecto, este me informó que se había enterado, que nuestra doctora falleció por un cáncer linfático. 

   Tengo que reconocer que mi doctora era severa y austera, pero con un ojo clínico acertado. Poco a poco con las visitas que mantuvo conmigo, pude comprobar su profesionalidad médica. Y quizás pueda demostrarse, que a pesar de su enfermedad que no confesó a sus pacientes, estuvo hasta el último de sus momentos de salud, tratando y medicando a todos sus pacientes. Dedicó su pasión a la medicina general hasta el último aliento de su salud. 

   Está mención también me hace recordar a otro gran profesional médico. Cuando yo era un niño no existía los medios ni la modernidad del que ahora disponemos. Este doctor y gracias a él, me detectó que yo sufría una grave hepatitis. Su consultorio por entonces, era grande y de escasa luz. Me detectó la enfermedad saliendo al exterior, donde daba los primeros rayos de sol. Allí me observo los ojos y las uñas de mis dedos, y por su color, acertó en el diagnóstico. Entonces permanecí unos meses de reposo en cama donde mi sudor dejaba las sábanas amarillas.

   Alrededor de nuestra vida, por suerte, tenemos a grandes personajes que pasan anónimos en la gran historia de la humanidad, pero sin embargo, son personajes que por sus profesiones; bien sean maestros, médicos u otros, han ayudado y aportado haciendo el bien en nuestro pequeño entorno y sociedad. Esas personas a medida que crecemos y ellos fallecen, permanecen en nuestra memoria como benefactores. Así pues, demostremos gratitud al recordarlos por haber existido y por haber contribuido a su comunidad con dedicación y amor. Porque quizás, gracias a ellos, nosotros somos los que somos y estamos mejor. La vida en ciertos momentos nos da oportunidades para que no la encontremos absurda.


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